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Hace nueve días esta nueva aventura pertenecía a mis sueños. Una vez que se me concedió el deseo, el vértigo de las prisas se apoderó de mi y la gran mayoría de vosotros asistís a la vez que dais cuenta de este correo a su conocimiento. Todo empezará en unas horas. Si lo permite el indomable Mar de Drake, después de tres días a bordo del rompehielos Almirante Viel de la Armada de Chile, llegaré desde aquí, a mi próximo destino; la Antártida. En Punta Arenas, a once de noviembre de 2007. http://www.flickr.com/photos/aviajar/
Queridos y recordados todos. STOP. Estoy tan contento como bien. STOP. Ojala estuviérais aquí. STOP. Los paisajes increíbles. STOP. Ya me hice con el afecto de la tripulación. STOP. Todo mi trabajo se está realizando mejor de lo previsto. STOP. Mamá, en el aeropuerto de Santiago de Chile me decomisaron el chorizo y el jamón. STOP. Es la única frustración. STOP. En Punta Arenas Virginia y su hija Paula me dieron el cariño siempre necesario cuando se está a distancia (agradecimiento público a ellas). STOP. Decirles a mis sobrinas Paula y Lucía que aún no encontré pingüinos 'tan grandes' como ellas. STOP. Lo sigo intentando. STOP. Desde la Base Militar Bernardo O'Higgins en el puro continente Antártico, mis mejores recuerdos para todos. STOP.
Sigo navegando y tomando tierra por la Antártida. STOP. El buque debe cumplir con su condición de rompehielos pues en algunas zonas se acumula bastante hielo. STOP. Sigo viendo paisajes con formas y colores especiales. STOP. Los vuelos desde el helicópeto permiten divisar la inmensidad blanca y azul del territorio. STOP. Alcanzamos temperaturas bajo cero (-4) pero resistimos. STOP. Aunque fuera de forma, la condición (pasada) de montañero me permite mayor resistencia. STOP. Las fotos están buenas. STOP. Desde la Base Eduardo Frei Montalvo de la Fuerza Aérea de Chile, mis mejores recuerdos. STOP.
Hasta la Antártida (o Antártica) puede convertirse en un suplicio... sobre todo si no se asumen los improvistos. El (ordenador/computador) portátil murió para siempre aunque pude salvar el disco duro. Demasiado aguantó tras dos años de deambular por los lugares menos recomendables para él. El hundimiento de un buque de pasajeros (el primero de la Historia en la Antártica) cuando iniciábamos el camino de regreso y al que tuvimos que socorrer, nos cambió los planes y prolongó nuestra estancia en el lugar más de lo deseado. Ante el peligro de perder los billetes de avión, hice todo lo posible por evitarlo y me evacuaron en helicóptero y salí del continente antártico en un avión Hércules de la Fuerza Aérea Uruguaya. El tiempo (con escaso viento) favoreció una navegación bastante tranquila. En cuanto a temperaturas a las puertas del verano polar, no bajaron en alta mar de -5. Más frío me contáis alguno que hizo por España. Afortunadamente para mi, pude acceder a las bases en unas condiciones de puro invierno (me cuentan que el invierno más duro de los últimos años). La nieve se acumulaba por encima de las ventanas. Durante gran parte del recorrido por la zona Antártica, el hielo se acumulaba por lo que el buque rompehielos tuvo emplearse a fondo para abrirse camino por un extenso mar blanco (de hielo). La convivencia en el buque de la Armada de Chile, estupenda. Ni conseguí que terminaran de aprender en hablar en español adecuadamente, claro que tampoco yo soy el mejor ejemplo, todo lo contrario. Imprescindible en mis viajes es el componente humano. En Punta Arenas volví a reunirme con amigos y nuevos conocidos. Virginia, Paula y familia me dieron una cobertura impagable que me coloca en una situación de deuda continua con ellas. Otro tanto de los mismo con Ana María y Víctor, con quien compartí proyectos en una ambiente de mutua admiración. Jaime me permitió vivir una experiencia inolvidable tanto por su compañía singular como por facilitarme conocer por unos días la esquila del ganado de su estancia en la Isla de la Tierra del Fuego. Y de un lado para otro de la mano y guía de estos amigos, conocí a otros tantos que contribuyeron a enriquecer mi estancia y mi nuevo paso por estas tierras. Por culpa del affiare con el ordenador/computador, tan solo puedo compartir con vosotros alguna de las fotos de los primeros días. Tendréis que esperar a que vuelva a España para mostraros otras. Gracias por los mails que por falta de tiempo e infraestructura se han quedado sin mi respuesta. Gracias, una vez más, por la compañía. Estoy a punto de dejar Punta Arenas. Hace sol pero el viento, aunque ligero, no deja de golpear y perfilar los contornos de esta tierra dura, una tierra que me inspira multitud de historias, experiencias y vivencias y que cada vez que marcho lo hago con nuevos proyectos y predisposiciones de terceros para llevarlas a cabo. Es un lujo volver a lugares conocidos cuando se tiene mucho por recorrer pero si las vivencias que en ellos se pueden vivir son únicas y no se pueden comprar en ninguna agencia, entonces no queda mayor placer que volver a por ellas. Una etapa más está a punto de finalizar, pero el viaje por esta vida continua. En Punta Arenas a 3 de diciembre de 2007 |
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